miércoles, 26 de febrero de 2014

Baroni: un viaje, Sergio Chejfec

Las novelas de Chejfec, escritor argentino nacido en 1956, son unos artefactos particulares, que más que pretender renovar el género de la novela, parecen querer alejarse de esta, ser algo diferente. Y lo son. Pero si las etiquetamos como novelas, hay que explicar que en ellas, la acción, la peripecia, es prácticamente inexistente. Hace tiempo reseñé aquí Mis dos mundos. Ahora hablemos concretamente de esta.



Baroni: un viaje, es una obra que oscila entre la crónica, el libro de viajes y el ensayo. Narra la visita del narrador a Rafaela Baroni, una artista venezolana incatalogable, pues su arte, a pesar de circular en museos, exposiciones y colecciones modernas, se cataloga entre lo popular y lo religioso. Y no es curioso solamente su arte, sino el mismo personaje de Baroni, marcada por la experiencia constante de la muerte debido a sus ataques de catalepsia desde la infancia y a sus creencias que se mueven entre el cristianismo y el paganismo con soltura. Estas experiencias la llevan a representar perfomances donde simula su propia muerte cada día de los muertos y cada vez que a ella, digamos, le apetece meterse en un ataúd. La relación de los pequeños pueblos venezolanos con la religión y la magia dentro de sus experiencias cotidianas nos recuerdan, a veces, a Comala, el pueblo donde Rulfo situó su Pedro Páramo. Los milagros y las resurreciones son tan comunes como las peleas de gallos o la creación artística/artesanal. Pero no hay que confundir lo que hace Chejfec con realismo mágico, nada más lejos de los parámetros estéticos del autor. Éste, más bien, intenta captar todo el tiempo qué es lo real, aunque a veces le resulte imposible:

Para Baroni no siempre había una verdadera distancia entre realidad y fantasía; y yo empeñaba mi tiempo, todos los días, en discriminar lo verdadero de lo falso, con el problema adicional de quedarme siempre del lado de lo irresoluto (P. 97).

Pero podríamos decir que esta incapacidad de discernir lo verdadero de lo falso forma parte de un problema de nuestra mirada extranjera. Podríamos decir que parte de los hechos que se narran en la novela desde una exterioridad perpleja, es lo que se describía desde dentro con naturalidad en las obras de García Márquez o Rulfo. Podríamos decir que es la perplejidad del cronista lo que se nos transmite. 
 La mirada de Chejfec sondea con una curiosidad nunca excesiva las vidas de los habitantes de estos pequeños pueblos de Venezuela, algunas de sus particularidades, algunos de sus personajes y sus paisajes. Pero esta mirada es siempre desprejuiciada, casi aséptica, pero nunca del todo despegada de la subjetividad, que, no obstante, procura mantener al margen, a diferencia de su otra novela, Mis dos mundos, donde la mirada lo teñía todo de subjetividad, apropiándoselo. Aquí él es el cronista, un narrador testigo, no el protagonista. Esta mirada, decíamos, también es errática, pues se mueve constantemente de personajes a paisajes, de tallas de madera a anécdotas, de descripciones a digresiones, mostrándonos abiertamente la incapacidad para aprehender todos estos elementos extraños en un todo completo y, por lo tanto, lo diluida que se vuelve la realidad y la verdad.

Una de las cuestiones que parece plantear el libro de Chejfec también es el de la etiqueta de “arte popular”, dentro del cual se catalogaría, en principio, a Baroni, quien rechaza de plano esta categoría y se considera una artista de pleno derecho, sin etiquetas. Los análisis de Chejfec, por otro lado, a las obras de Baroni, le otorgan también esta dimensión como artefactos artísticos puros: aquí es otra vez la mirada la que realza lo que ve, emulando la función de la crítica, que es la que confiere a un objeto su estatus artístico.
En cualquier caso, las obras de Chejfec siempre resultan difíciles de catalogar, de analizar. Lo leo y tengo la sensación de que está reinventando el punto de vista. Y tal vez lo que produzca la sensación de extrañamiento en la novela sea esa fría subjetividad, lo impasible del narrador, que nos engaña y aparentemente es distante, parcial, y que parece querer hacernos olvidar que todo lo estamos viendo a través de sus ojos.

1 comentario:

Richard Site dijo...

Excelente información.
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